
No digas nada, no quiero oírlo.
Y si dices algo, que no sea con palabras. Háblame con tu cuerpo, jadéame lo que quieres. Suspírame lo que anhelas, pero no hables, no digas palabras vanas.
Leeré en tu cuerpo lo que necesitas; obedeceré de tus manos lo que ruegas. Pero no hables, no va a ser necesario.
Saborearé en tu piel las palabras que realmente quieres decir y borraré con lentas lamidas aquellas que no son necesarias. Pero silencio, no digas nada.
Te moldearé con mis manos de mil formas distintas, descubriendo otras mil formas de hacerlo, pero no hables.
Calla, no mientas con palabras.
Seré tuyo, pero tan sólo calla, calla ahora. Eres demasiado sutil, si hablas y mientes, no sabré que lo haces y me iré sin escuchar a tu cuerpo.
Silencio, preciosa, sólo quiero leerte.
