—Vamos, coge mi mano—No —dice desde el suelo.
—Déjame cogerte.
—Peso demasiado, mi carga me ha hecho caer.
—Soy fuerte.
—Lo sé.
—Puedo cogerte y levantarte.
—Sé que puedes hacerlo, pero quiero levantarme solo.
—Pero yo quiero ayudarte.
—Puedo hacerlo solo. He caído en otras ocasiones y he logrado levantarme. A veces olvido que puedo hacerlo, pero ese momento pasa fugazmente. A veces, incluso, creo que no voy a poder levantarme.
—No puedo verte ahí, en el suelo, sin hacer nada.
—Sólo estate ahí cuando me levante y sosten mi mano, no para impedir que vuelva a caer, sino para saber que estás junto a mí.
— ¿Y si tardas demasiado en levantarte? ¿Y si en ese tiempo, como tú has dicho, olvidas que puedes hacerlo?
—Solo recuérdame que una vez te dije que podía hacerlo solo.
[Escrito el 27 de mayo de 2008]
